martes, diciembre 01, 2009

La empresa como comunidad de personas

CAPITAL , Noviembre del 2009.

por Rolando Medeiros.
El diálogo social está orientado a construir ambientes de confianza, para que empresarios y sindicatos superen aprensiones y promuevan condiciones para construir una verdadera responsabilidad social empresarial y, también, sindical.La empresa es tal vez uno de los agentes sociales más relevantes en la sociedad actual.
Se trata de una comunidad que integran personas de manera diversa y con responsabilidades específicas, aportando el capital necesario para su actividad. Es propio de las organizaciones, entonces, ejercer el rol de unidad que constituye su principal capital social.
Cuando la empresa es entendida como una comunidad de personas con intereses compartidos y objetivos de bien común, posee una responsabilidad mayor en la interrelación con cada uno de sus públicos objetivos.Dentro de éstos, los más importantes son sus trabajadores.
Por esto, de cara a los grandes desafíos que nos presenta el siglo XXI, hoy más que nunca se hace necesario redimensionar el valor y el sentido profundo del trabajo como fuente de dignidad personal, de estabilidad familiar y de paz social. Desde esta mirada, la empresa tiene el deber de ofrecer un trabajo digno que promueva el desarrollo integral de sus colaboradores, en todas sus dimensiones.
En este contexto, los sindicatos enfrentan también un creciente desafío para cumplir con la labor representativa de sus asociados y de todos los trabajadores. En este rol de representación, además de hacer valer sus legítimos derechos, deben promover que sus intereses y necesidades materiales, humanas y trascendentales sean tenidas en cuenta en cada decisión que los afecte.
Cuando los sindicatos asumen como compromiso profundo este rol social, velan eficazmente por los intereses de todos los trabajadores, viven la empresa como una familia y se entregan a ella con cariño, diligencia y responsabilidad, conscientes de que su esfuerzo redundará en el bien de todos. Al mismo tiempo, cuando los líderes empresariales dan testimonio con su actitud, palabras y ejemplo de que son dignos de la confianza que se ha depositado en ellos, se crea una cultura empresarial cimentada en el respeto y en la dignidad de la persona humana.
Justamente, el diálogo social está orientado a construir ambientes de confianza mutua para que empresarios y sindicatos superen aprensiones recíprocas y promuevan en conjunto condiciones para construir una verdadera responsabilidad social empresarial y también sindical.
Para ello, es fundamental fomentar la capacitación de los dirigentes sindicales, con el fin de que ejerzan un liderazgo debidamente informado, apto para representar eficazmente a sus bases y para que puedan negociar en un ambiente de respeto en el que todos ganen. Se evitará así escaladas confrontacionales de suma cero y agendas extra laborales.
El gobierno, por su parte, es un tercer actor clave en la construcción del diálogo social. Es responsable de crear el marco regulatorio necesario sobre el cual operar, diseñando una legislación laboral moderna que fomente la inversión, la creatividad y la innovación y lo suficientemente flexible para crear más y mejores empleos.
Un verdadero diálogo social redundará con el tiempo en negociaciones sólidas, dotadas de profunda reflexión, basadas en un trabajo colaborativo desarrollado con empatía, participación, sentido de subsidiariedad y solidaridad.
El diálogo social se presenta, entonces, como un camino alternativo eficaz para equilibrar la situación dispar de poderes dentro de la empresa y potenciar intereses comunes. Pero para construirlo no se debe olvidar que la vocación fundamental, tanto de empresarios como de dirigentes sindicales, es servir y trabajar por el bien común, tal como lo enseña la Iglesia en su doctrina social.
Próximamente, estos cuatro actores –trabajadores, empresarios, gobierno e Iglesia– estarán presentes en la conferencia: Diálogo Social ¿Sabemos conversar? organizada por USEC, que busca ser un espacio de colaboración entre estos actores y promover la construcción de relaciones laborales colaborativas y productivas, cimentando una forma de hacer empresa más inclusiva, solidaria y humana.

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