jueves, septiembre 10, 2009

Ley de transparencia: verdades y desafíos

Leonardo Javier Castillo Cárdenas, FLACSO, Septiembre 2009.
Resumen

Hoy por hoy nadie discute que la corrupción se erige como uno de los principales riesgos para la estabilidad y legitimidad de las instituciones democráticas. Su tratamiento, a pesar de la aparente novedad que lo reviste, ha sido abordado desde hace largo tiempo por la filosofía y la ciencia política.

Norberto Bobbio (2003) nos recuerda que el “recurso al secreto” ha sido considerado durante siglos la esencia del arte de gobernar. Uno de los capítulos que no podía faltar en los tratados de política en un período que duró un largo tiempo —de Maquiavelo a Hegel— que se suele llamar de la Razón de Estado, versaba sobre las circunstancias y las razones del ocultamiento. El poder —prosigue el profesor italiano— siempre ha sido concebido a imagen y semejanza de Dios, que es Omnipotente precisamente porque es el Omnividente invisible.

Al respecto, es imposible no relacionar dicha idea con el panóptico de Bentham que Foucault (2002) definió como una máquina para disociar el binomio ver-ser visto: “El panóptico es una máquina de disociar la pareja ver-ser visto: en el anillo periférico, se es totalmente visto, sin ver jamás; en la torre central, se ve todo, sin ser jamás visto”. El propio Bentham consideraba que este modelo arquitectónico, ideado para las cárceles, podría ser extendido a otras instituciones. El modelo sería llevado al Imperio del Gran Hermano, descrito por Orwell (2005) , donde los súbditos están permanentemente bajo la mirada de un personaje del que no saben nada, ni siquiera si existe. La literatura nos plantea, también, el poder que se ejerce precisamente mediante dicha disociación ver- ser visto en el proceso de Kafka (1985) donde Joseph K no ve al magistrado sino de manera borrosa en una ventana del tribunal. Es en dicho caso precisamente donde la “falta de transparencia” hace patente el miedo que genera el secreto y el poder al que está coligado.

Immanuel Kant (1999), por su parte, en un apéndice al Ensayo la paz perpetua, plantea la cuestión de la posible convergencia entre la política y la moral. Sostiene que la única manera de garantizar que ello suceda es la condena del secreto de los actos de gobierno y la institucionalización de su publicidad, o sea, una serie de reglas que obliguen a los Estados a rendir cuentas de sus decisiones al público y, de esta manera, se haga imposible la práctica de los arcana imperii, los secretos del poder, que caracterizan a los Estados despóticos. “Las acciones referentes al derecho de otros hombres son injustas si su máxima no admite publicidad”. En efecto, una máxima que no puedo manifestar en alta voz, que ha de permanecer secreta, so pena de hacer fracasar mi propósito; una máxima que no puedo reconocer públicamente sin provocar en el acto la oposición de todos a mi proyecto; una máxima que de ser conocida suscitaría contra mi una enemistad necesaria y universal porque encierra una amenaza injusta al derecho de los demás”. El presupuesto de este discurso kantiano está claro: el mantener en secreto un propósito o un pacto o, si fuese posible, cualquier disposición pública es ya de por si una muestra de su ilegalidad.

Max Weber (1996) se refirió a la conexión entre la democratización de la sociedad y la burocratización: "Cada burocracia busca incrementar aún más la superioridad del oficial profesional por medio de mantener secreto su conocimiento e intenciones. La administración burocrática siempre tiende a excluir al público, a ocultar de la crítica su conocimiento y acción tanto como pueda. Esta tendencia hacia el secreto es una consecuencia de su naturaleza objetiva en ciertos ámbitos administrativos: esto es, dondequiera que los intereses de poder de la estructura dada de dominación hacia el exterior están en cuestión, ya sea el caso de competidores económicos de una empresa privada o el de gobiernos extranjeros potencialmente hostiles en el campo público. Sin embargo, los puros intereses de poder de la burocracia ejercen sus efectos mucho más allá de estas áreas de secreto funcionalmente justificadas. El concepto de "secreto oficial" es la invención específica de la burocracia y pocas cosas son defendidas tan fanáticamente por ella como esta actitud, la cual, fuera de las áreas específicas mencionadas, no puede ser justificada con argumentos puramente funcionales. Al enfrentar un parlamento, la burocracia, a partir de un instinto seguro por el poder, pelea cada intento de esa institución por ganar a través de sus propios medios un conocimiento experto para las partes interesadas. La burocracia naturalmente prefiere un parlamento pobremente informado y por ende sin poder al menos en cuanto esta ignorancia sea compatible con los propios intereses de la burocracia".

La revalorización de la libertad, así como del mercado y los movimientos de reforma del Estado , han traído a colación la necesidad de transparentar la forma de tomar las decisiones, así como los resultados y efectos provocados por dichas decisiones. Hoy, el concepto de transparencia constituye casi un lugar común, el cual es necesario comprender a cabalidad a fin de entender sus alcances y los desafíos que implica.

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